La base del aprender es la gratitud

En estos 25 años de entrenamiento de Aikido y llegando al 5º Dan (5º grado cinturón negro) la maravilla que percibo es el fluir en la continuidad del camino que aún sigo por recorrer. La posibilidad de testimoniar el continuo de la experiencia en aprender y cada vez más comprender y experimentar la naturaleza esencial del ser humano.

El Aikido se convirtió en uno de los pilares de mi vida. Y así, estoy eternamente agradecido, agradecido a mi maestro – Makoto Nishida Sensei, agradecido a todos los compañeros de entrenamiento de la FEPAI, a los hermanos de dojo, agradecido a los alumnos. Y sobre todo agradecido al creador del Aikido – Morihei Ueshiba.

“El verdadero Budo te proporciona las herramientas necesarias para encontrar el universo dentro de ti mismo”. (Morihei Ueshiba)

Esta frase de Morihei Ueshiba sintetiza lo que me llevó a entrenar al Aikido. Y alineado hoy con el estudio y práctica de la filosofía oriental – Vedanta Advaita – donde tras algunas experiencias en prácticas de meditación profunda y en los entrenamientos de Aikido, continúo en estos 30 años de estudios, descubrir y desarrollar estados interiores y exteriores, donde pueda conocer la verdadera naturaleza del ser humano. Esto acabó posibilitándome encontrar comprensiones más profundas y estables en las relaciones ya través de las responsabilidades del día a día.

El Aikido – en mi percepción – todavía es algo a ser totalmente descubierto por los propios aikidoistas del mundo, pues no conozco a nadie que haya alcanzado la naturaleza esencial que el Aikido en teoría presenta y en su práctica en el dojo busca. Ni en Japón, ya que cada maestro japonés tiene su particular lectura de la filosofía y del arte marcial. Tenemos que comprender las características diferentes del occidente y del oriente, esto facilita la relación entre las enseñanzas de las distintas culturas.

Para tener claridad de cualquier situación, tenemos que encontrar un diagnóstico preciso, sin el diagnóstico no tendremos ningún tratamiento, o sea, sin un mapa no llegaremos donde queremos llegar. No soy un aikidoista ortodoxo, sino un heterodoxo investigador de la naturaleza humana, como observarán en los textos.

Y esta libertad de desarrollar la propia capacidad – que todos pueden tener- de descubrir por sí mismo y en sí mismo la verdadera naturaleza que el Aikido o la Meditación Vedanta Advaita ofrecen, nos habilitará a encontrar una lectura particular y momentánea del arte y muchas a veces, vamos a hablar las mismas cosas con palabras distintas.

Pero mientras no encontremos la esencia del Aikido, tenemos la conciencia de que también tendremos una lectura parcial del arte.

El Aikido en el mundo es como la historia del elefante en una habitación con cinco ciegos tocándolo y cada uno, al tocar una parte del animal, hace su lectura particular de lo que sería un elefante. No hay nada mal en esto, el error es creer que conoce todo el elefante siendo todavía ciego.

Entonces en estos pequeños textos vamos a centrarnos en compartir informaciones que sean útiles y pragmáticas a aquellos que buscan un arte marcial – el Aikido en particular. Para aquel que ya ha encontrado su arte, no seré de mucha ayuda.

Hoy en el mundo, el desarrollo del Aikido no es más exclusividad de los japoneses, como el propio Morihei Ueshiba habló; “El Aikido es un arte del mundo, no es propiedad de los japoneses”.

Una cosa es entrenar el maravilloso arte marcial que es el Aikido y otra cosa es imitar a los japoneses. El arte del Aikido trasciende los estereotipos japoneses o de cualquier otra cultura, debemos tener cuidado, pues al crear ilusiones sobre el arte, quedamos ciegos las realidades que el arte puede presentarnos.

Como todo arte, será arte si es original y universal y tiene el poder intrínseco de posibilitar la transformación interior del ser humano. Y esto implica en autoconocimiento y no en crear un “ego pseudo-espiritual”.

El entrenamiento es soberano, pero es fundamental tener una correcta percepción de los hechos, pues así podremos formar parte del proceso de aprender de forma más consciente y no caer en los dogmas y en las ilusiones que de nada sirven.

Se acostumbre a no sacar conclusiones precipitadas. Si el Aikido predica la paz, él debe convivir con las diferencias internas y externas con la debida humildad que trasciende las diferencias entre los pueblos.

Eloi Campos (5º Dan)